Siempre me dices lo importantes que fueron mis cartas
Querida mía,
Siempre me hablas de lo importantes que han sido mis cartas, y que sellaron lo que empezamos hace más de 30 años. Sí, 30 años de felicidad y complicidades, y todavía te emocionas cuando encuentras una nota mía, junto al camisón, al levantar la almohada por la noche, o por la mañana en el espejo, cuando ya he salido al trabajo.
Sabes que estoy aquí, que ya no me voy, que me tienes cogido el corazón con una fuerte y tierna cadena. Sabes que te digo lo que te quiero todos los días, de muchas maneras diferentes, también de palabra, me lo pidas o no me lo pidas.
Estoy aquí, a tu lado, y sin embargo te sigue emocionando leerlo, escrito con tinta sobre papel. Y guardas mis notas en el cajón de tu mesilla para poder leerlas de nuevo. Dices que no hay emoción comparable a tomar el sobre y extraer la nota, con la duda de cómo me dirá que me quiere hoy.
Para sentir, no necesitas tener cargada la batería del móvil, ni una memoria extraíble, ni hacer una búsqueda entre tus emails… Solo tienes que meter la mano en el cajón y dejar que el azar elija; darte la vuelta y tener mi abrazo.
Aún recuerdo cuando hace tantos años te acompañé a casa y te pedí tu dirección. Tú me miraste extrañada, incluso desconfiada. Y… ¿quién me iba decir a mí que la llave de tu corazón era la misma que la de tu buzón?
Cientos de cartas después, te quiero.