Perdón soy jugador
Autor: Fiódor Mijáilovich Dostoyevski (1821-1881), uno de los principales escritores de la Rusia zarista.
Su literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa de la segunda mitad del siglo XIX.
Dirigido a: su esposa, Anna Grigorievna.
Escrita el 24 de Mayo de 1867
Homburg, 24 de mayo de 1867.
Ania, esposa mía, perdóname y no me llames canalla. He cometido un crimen: lo perdí todo; todo lo que me enviaste, todo, hasta el último kreuzer. Ayer lo recibí y ayer mismo lo perdí. Ania, ¿cómo voy a poder mirarte ahora?
¿Qué vas a decir de mí? Una sola cosa me horroriza: qué vas a decir, qué vas a pensar de mí. Solo tu opinión me asusta. ¿Podrás respetarme todavía? ¿Vas a seguir haciéndolo? ¡Qué es el amor cuando no hay respeto!
El juego es lo que siempre ha perturbado nuestro matrimonio. Ah, amiga mía, no me culpes definitivamente. Odio el juego, no solamente ahora, ayer también, anteayer también lo maldije; cuando recibí ayer el dinero y cambié la letra, fui con la idea de desquitarme aunque fuera un poco, de aumentar aunque solo fuera mínimamente nuestros recursos. Tenía tanta confianza en ganar algo… Al principio perdí muy poco, pero cuando comencé a perder de verdad, sentí deseos de resarcir lo apostado y cuando perdí aún más, ya fue forzoso seguir jugando para recuperar aunque solo fuera el dinero necesario para mi partida, pero también eso lo perdí.
Ania, no te pido que te apiades de mí, preferiría que fueras imparcial, pero tengo mucho miedo a tu juicio. Por mí no tengo miedo. Al contrario: ahora, después de esta lección, de repente me he sentido perfectamente tranquilo respecto de mi futuro. De hoy en adelante voy a trabajar, voy a trabajar y voy a demostrar de qué soy capaz. Ignoro cómo se presenten las circunstancias en adelante, pero ahora Katkov no rehusará.
En adelante, todo dependerá de los méritos de mi trabajo. Si es bueno, habrá dinero. Oh, si solo se tratara de mí, ni siquiera pensaría en todo esto, me reiría y me marcharía. Pero tú no dejarás de emitir tu juicio sobre lo que he hecho, y esto es lo que me preocupa y me atormenta.
Ania, si sólo pudiera conservar tu amor… En nuestras circunstancias, ya de por sí difíciles, he gastado en este viaje a Homburg más de mil francos; es decir, alrededor de 350 rublos. ¡Es un crimen!